sábado, 13 de junio de 2015

BIENVENIDAS



     En medio de este caos lleno de despedidas caracterizadas por provocar lloros de tristeza o gritos de alegría (o un mix de ambas emociones), me dispongo a romper un poco la regla por la que se han decantado estos días todas las personas que se dedican a plasmar sus sentimientos sobre cualquier soporte, quienes de repente se han convertido en filósofas empedernidas y han comenzado a reflexionar y expresar sus pensamientos  sobre las despedidas.

      Pues bien, como la mayoría de seres (de todo tipo) prefiero las bienvenidas a las despedidas, algo de lógica pura y dura. A lo largo de nuestra vida es imposible saber cuantas veces nos alegramos de la llegada de algo o alguien pero no hay sensación que puede asemejarse a ello. Podemos dar la bienvenida a infinidad de cosas pero sin duda la mejor de todas es volver a ver después de mucho o poco tiempo a una persona importante para ti, bien sea amig@, novi@ o familiar, eso si, como la familia no hay nada. Pero de lo que yo quería hablaros hoy es de dar la bienvenida al VERANO.

        El verano es ese espacio de tiempo finito (como todo en esta vida, menos el amor de una madre), en el que por fin nos sentimos completamente libres, después de todo un curso lamentándonos y deseando estar tirados en una playita poniéndonos morenos, en vez de estar haciendo logaritmos sabiendo que no nos van a servir de nada en un futuro. El primer día de verano no tiene término medio. Dependiendo de todo un poco, a veces hay tantos planes que al final acabamos sin hacer ninguno, o a veces no hay ninguno y acabamos tirados en nuestra cama como si fuera un simple día más en definitiva que no haces nada de cualquier manera. 

        De todas maneras, el verano esta para aburrirse y desaburrirse, así que, con que cada uno se sienta bien con lo que ha hecho en su verano (que para algo es suyo y no de otro), lo demás son tonterías.

No hay comentarios:

Publicar un comentario